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1903 - Un Berrón Banquero

A mediados de 1903 se formó el Banco de Campeche, como un favor político y financiero de Don Porfirio Díaz a Don José Castellot, amigo personal del ministro de Hacienda Don José Ives Limantour. A principios de ese mismo año Díaz había nombrado a Don José Castellot como Gobernador del Estado de Campeche.

El Banco de Campeche operó del 10 de Junio 1903 a Febrero de 1911. Don José Castellot confió la dirección y presidencia del Banco a su amigo y socio Fernando Berrón Barret (1.1.3). De las 5,870 acciones con que se originó el banco, Fernando Berrón tenía 110 y también era socio con Castellot en un necogio llamado "La Montaña".

Fernando Berrón Barret y un billete del Banco de Campeche firmado por él como presidente del Banco.
Click en la imagen para ver una ampliación

Información tomada del libro "Obras Políticas del Lic. Blas Urrea" por Luis Cabrera, México 1926.

1940's Un Berrón Pintor

Rubén Berrón Marín (1.1.3.3.4), mi papá, tuvo siempre el toque artístico y lo enfocó a la pintura. Realizó algunas obras con diferentes técnicas. Inició pintando a lapiz, pasó a la acuarela y terminó pintando al óleo. Esto, por supuesto, era su hobby. Después de pintar lo que fue su último cuadro, La Ola en 1974, y a pesar de la insistencia de hijos, nietos, su esposa y amigos dejó de pintar. ¿Por qué? Nadie lo sabe. Cuentan que siendo novios, allá por los 40's, estando él en México estudiando y mi mamá, Addy, entre Campeche, su casa, y Merida, donde estudió, se carteaban bastante a menudo. Por esas fechas, Rubén creó un personaje caricaturesco llamado "Mensolele" y en los sobres de sus cartas a mi mamá dibujó una historia sobre este personaje. En cada carta había una viñeta de la historia, así que había que esperar a la siguiente carta para saber qué seguía en dicha historia. Resulta, pues, que en alguna ocasión se pelearon y se dejaron de escribir por un tiempo y el cartero, en Campeche, fue a preguntarle a mi mamá que qué había pasado, por qué no llegaban más cartas del Capitán Berrón, y es que el hombre estaba intrigado con la historia. Su técnica era buena, a pesar de ser completamente autodidacta, y muy perfeccionista en sus acabados. Cuando en 1973 estaba pintando un bodegón para adornar el comedor de la casa, en alguna de las etapas en que el cuadro ya tenía colores, pero definitivamente no estaba terminado a su gusto, todos en la casa le dijimos que lo dejara así, que ya no le pintara más. Se veía muy modernista, trazos incompletos, colores a medias, etc., sin embargo, estaba completa la idea, nada más verlo sabía uno lo que era cada fruta. Por supuesto él no podía dejar algo que podía parecer "sin terminar" y como podrán observar el acabado es tal que, aunque no se aprecia en la foto, viendolo desde cierto ángulo la rama del racimo de uvas moradas parece que se sale del cuadro. Aquí les anexo algunas de estas obras, incluyendo, por supuesto, algunas de las viñetas de "Mensolele".

1964 Visitando al Abuelo Alfonso Berrón Mucel

En este video Alfonso Berrón Mucel (1.1.3.3), el de las cartas románticas, está rodeado de sus nietos, que lo visitaban desde la Cd. de México, Rubén (1.1.3.3.3.1), Alfonso (1.1.3.3.3.2) y David (1.1.3.3.3.3) Berrón Hernández, así como de sus sobrino-nietos Bernardo (1.1.3.11.2.2), Carlos (1.1.3.11.2.3) y Mauricio (1.1.3.11.2.5) Macossay Vallado. Diciembre de 1964, en la casa de Lerma, Campeche.






Algunas fotos de varios viajes hechos a Campeche y Lerma
(La mayoría son sacadas de una película 8 mm por eso la baja resolución)


Ese viaje fue histórico, para algunos, ya que los 3 hijos de Alfonso: Edgar (1.1.3.3.2), Silvio (1.1.3.3.2) y Rubén (1.1.3.3.2) Berrón Marín y sus respectivas esposas e hijos, fueron todos en el mismo viaje. Excepto Edgar, los demás viajamos en 2 automóviles desde la Cd. de México hasta Lerma.
Imagínense, casi 3 días de viaje, 2 carros, 5 adultos, 3 adolecentes, 6 niños y un bebé. Y con un sin fin de aventuras que contar, entre otras:

1.- Ricardo Alfonso Berrón López (1.1.3.3.3.4) en un descanso para estirar las piernas, antes de Puebla, se cayó en un cactus y se espinó manos y asentaderas.

2.- Silvio Berrón Hernández (1.1.3.3.2.2) recogió un caracol junto al río mientras hacíamos cola para subir en alguna de las pangas y lo guardó en la cajuela del carro del Tío Silvio (que por cierto se lo había prestado un amigo para el viaje). El caracol estaba habitado y lo que fuera que vivía ahí se murió y con el calor se pudrió. En cierto momento, Silvio, el tío, se quejó del olor que despedía el más chico de los niños en su carro, Gabriel Berrón Hernández (1.1.3.3.2.2), que tenía poco menos de un año. Pero el bebé estaba limpio así que buscando buscando encontraron el caracól. Y por más perfume que le rociaron al carro, el resto del viaje fué "con aroma de .... caracol .... perfumado".

3.- A mí, Alfonso Berrón Hernández (1.1.3.3.2.2), antes de partir de regreso, se me ocurrió tomar agua de un "algibe" (yo ni sabía que era eso), que es un pozo con una tapa cónica de metal que recoge agua de lluvia, y resulta que hacía años que no se utilizaba, pues ya existía agua potable entubada, y mucho menos se limpiaba. Pues recién llegado al D.F. ¡he agarrado una disentería que por poco no la cuento! Viví en el baño durante varios días.

4.- Se que a muchos de ustedes le sonará ridícula y hasta cierto punto increíble la anécdota; pero creo que esta fué una de mis primeras "experiencias extrasensoriales", precísamente durante ese viaje. Si mal no recuerdo, ese viaje se realizó como comenta mi hermano Alfonso con toda la familia "muégano", repartida en no se cuántos carros. Fué un viaje de tres días desde la Cd. de México hasta Campeche, finalmente cuando llegamos a Lerma, Camp., era de noche y estaba cayendo un aguacero torrencial de esos que se estilan en la península de Yucatán (¡¡¡MÉNDIGOS AGUACEROS QUE EN 10 MINUTOS, PUEDEN INUNDAR TODA UNA CIUDAD!!!); así, mi padre decidió que esperaramos a que disminuyera la intensidad de la lluvia, para poder llegar a casa del abuelo. En ese inter, me quedé dormido y en "mi sueño", conocí a toda la gente (familia) que estaba dentro de la casa y la ubicación de cada pieza en esa casa. Cuando pudimos entrar a la casa, una vez terminado el diluvio, para mi sorpresa,todo era exactamente igual a como lo había soñado, incluso las tías María (1.1.3.10) y Lucrecia (1.1.3.8), a quienes yo no había conocido anteriormente...
Vaya juegos de la mente, no?
Saludos, David Berrón Hernández (1.1.3.3.4.3)

¿Se acuerdan de alguna otra? Enviénmela para incluirla.